martes, 11 de enero de 2011

Ese intercambio de fluidos

Aaahhh, el amor. Ese gran desconocido. Cuanto más crees que lo conoces, más puñetero se vuelve. En mi caso fui bastante tardío, a los 16 años, con una fecha y lugar muy vulgar: Nochevieja en un pub. Era la primera vez que besaba a una chica y la experiencia fue interesante y rara al mismo tiempo. Interesante porque sabía a menta fuerte y rara porque tenía aparato dental. Recuerdo que se me enganchó la lengua un par de veces, me salieron un par de llagas. Un desastre pero ahí estaba yo, acababa de entrar en un club selecto, me sentía orgulloso de ser tío y no necesitaba compresas con alas. Fue un amor corto, concretamente se acabó cuando terminó la música. Ni tomamos los churros. Daba igual, acababa de dar uno de los pasos más importantes de mi vida.

Conozco a personas lamentables que eligen como pareja a personas totalmente contrarias a lo que son (la historia se repite). Tienen un punto de masoquismo que desconciertan y cuando conocen a las personas ideales, ni siquiera las prestan atención e incluso las hacen alguna jugarreta que otra. Les va la marcha. Lo que digo, son masoquistas empedernidos.

El amor es ciego, dicen. Yo además añado que es tonto del culo. Porque te puedes enamorar de un descendiente directo del hombre de atapuerca, pero igual es una excelente persona. Ese es un ejemplo claro de amor ciego. Si te enamoras de una persona con un físico espectacular, pero luego es más dañina que el aguafuerte, ese es un ejemplo del amor tonto del culo. No tiene nada que ver con la vista, de hecho la tenía perfectamente. Y el colmo viene cuando tienen las dos cosas malas a la vez, eso es que el tonto del culo eres tú.

Es complicado mantener una relación en el tiempo. El ser humano es propenso a mirar a otro lado. Pasa una tía despampánante por la calle y no podemos evitarlo. Va en nuestros genes. Si no lo hacemos corre en riesgo nuestra salud. Yo lo he intentado muchas veces y no he podido, me resulta imposible. Las mujeres también lo hacen, aunque digan que no, lo que pasa que son más sutiles. Miran más como un agente secreto, rápido y concreto. Es como un truco de cartas, evidentemente sabes que hay truco, pero no lo ves. Los hombres miramos descaradamente y comentamos la jugada. Moviola. Lo malo es que la persona con la que estés no le guste que mires. Y tú disimulas. -¿Qué miras? -¿Yo? Nada… Pero no cuela, te ha pillado. No vales para agente secreto. Te matarían en la primera misión, seguro.

Como decía un amigo, la dieta vegetariana está muy bien, pero llega un momento que necesitas carne. En una relación de pareja ocurre igual, los besos y arrumacos están muy bien, pero llega un momento que necesitáis algo más. El problema cuando sois novios, no es el como ni el cuando, eso lo tienes claro, es el dónde. No estás muy católico en el aspecto económico, así que no te puedes permitir un hotel. En un parque es morboso, pero no estás cómodo. Te duele el cuello de tanto girarlo para mirar si alguien te ve. En un cine ni de coña, con el precio que tiene hoy en día más te vale que veas la película. En mi época costaba mucho menos, pero tampoco, la fila de los “mancos” estaba muy vigilada. Al final, aprovechas cualquier momento de Rodríguez en casa de tus padres o de ella, para hacerlo como los conejos.

Luego están las excursiones nocturnas con los amigos. He visto parejas que el chico se despide de la novia diciéndole que se va para casa un sábado a las 12 de la noche (no te lo crees ni tu) y al ratito aparece en el bar habitual con una sonrisa de oreja a oreja. Y encima se pavonea: - ¡Me he escapado! Y piensas, mira que eres tonto. Te ha dejado escapar, que no es lo mismo. Que te crees que no sabe que te has largado con tus amigotes. Al día siguiente ella llama a su chico (intencionadamente temprano, menudas son), no para hablar con el, sino para tantear el grado de juerga de la noche anterior. Te lo detectan rapidísimo. Es inútil disimular, da igual lo que digas. Y si no contestas al teléfono date por jodido. Es unas de esas situaciones de pareja que cualquier cosa que digas o hagas vas a acabar mal. Lo mejor es decirlo a las claras desde el principio, si es que tienes el suficiente valor. Yo lo hice y es mi mujer actualmente. Me salió bien, pero como las misiones a la luna, hay un riesgo.

La sinceridad en una relación es lo más importante. Además ellas son agentes secretos, no lo olvidemos. Aunque te haga ver que se han creído una trola tuya, ni de coña macho. Son sufridoras. Nos tienen que aguantar, no les queda otra, el amor es lo que tiene. Si no fuera por eso, estaríamos más solos que la una, porque nosotros no sabríamos vivir sin ellas.

Otro tema con mucho jugo es la convivencia. Podría escribir otro blog entero sólo con esto. El que la ha experimentado comprenderá lo que voy a contar, el que no, leed con mucha atención. La convivencia es jodida, es dar y quitar al mismo tiempo. Es amar y odiar a la vez. Es ser paciente y esperar el momento. Una verdad universal es que las mujeres son emocionalmente mucho más complicadas que los hombres, básicamente por la actividad hormonal. En mi opinión, eso las hace más interesantes. Hay que saber tratarlas, tener paciencia y sobre todo darlas mucho cariño. Que en ningún momento se sientan menos queridas, ahí está el secreto. Ese fue un consejo que me dio mi padre hace muchos años y lo cierto es que funciona y me gusta hacerlo.

Luego están las parejas que no se llevan bien y deciden, en un alarde de inteligencia suprema, casarse “a ver si mejora”. ¿Quién te ha mandado meterte en semejante jardín? En mi caso lo teníamos claro los dos, pero hay gente que lo hace porque la otra parte está muy ilusionada. Craso error. Te gastas una cantidad indecente de dinero en celebrar una unión que a corto plazo va a acabar en ruptura segura. He visto parejas en las que casarse se convierte en todo un negocio, celebran la boda esperando que los invitados le sufraguen los gastos de todo, hasta del viaje de bodas. Y lo comentan como la cosa más natural del mundo – Pues me saqué para cubrir la boda y el viaje…-  Pues que bien, que bonito. No por ser una práctica lamentablemente habitual, significa que esté bien hecha. Cutres, que sois unos cutres. Como su propio nombre indica “invitados” debe ser eso: Invitados.

Hay que tener claro que si te casas con tu pareja, la única razón debe ser la lógica: por amor. Cualquier otra razón es proporcional al riesgo de ruptura. Es decir: cuanto mayor sea la parida que se te ocurra, menos tiempo durará ese matrimonio. También he conocido parejas que se casan por pactos. Uno quiere tener hijos pero no se quiere casar y el otro no quiere tener hijos pero si se quiere casar. Conclusión: Yo me caso contigo si tenemos un hijo. Este caso es el no va más, increíble pero cierto. Acaban viviendo bajo el mismo techo y nada más. No comparten ni gustos, ni aficiones, ni, por supuesto, afecto. Lo único que comparten es una hipoteca, un coche y un chaval con un futuro incierto o tristemente cierto. En fin…

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